Esta noche he tenido la pesadilla de siempre: Aparecí en mi uniforme de Capitán General ante las cámaras de tv. Era muy temprano, algo como a la una de la noche. Me sentía agotado después de todos los acontecimientos de esa tarde y noche, con los guardias de Tejero que irrumpían en el Congreso. Pero me dí cuenta de que toda la población esperaba palabras tranquilizadores de mí, entonces me sobrepuse y empecé a pronunciar mi discurso. Y entonces pasó lo inevitable. De nuevo pronuncié las palabras que había preparado para mi hijo Felipe, para quitarle de la cabeza casarse con esa Letizia, hija de ese periodista. Terminé mi discurso con las palabras: “Mi papel no era el de un bombero, siempre listo para apagar un fuego”.
Sentía un silencio mortal en torno a mí. Solamente cuando giraban las camaras al otro lado, me dí cuenta de lo que había pasado. “¡Vuelta a la normalidad!” estaba escrito en letras grandes en un cartel que alguien tenía encima.
Bañado en sudor me desperté. En mi retina estaban grabadas las palabras de ese periodista, Francisco Umbral, que escribía: “cuando los españoles creíamos merecernos algo mejor que un rey, resulta que tenemos un rey que no nos merecemos”.



